Un férreo y agotador enemigo del éxito
Por Pascual Hernández,
Para alcanzar el éxito y la prosperidad debes estar atent@ a ciertas zancadillas o enemigos que, aunque parezca mentira, nos los ponemos nosotros mismos.
Uno de estos saboteadores del éxito es la postergación, no hacer las cosas, no empezarlas o dejarlas sin terminar.
No hay que confundir postergar con “planificar una acción para un momento futuro”. En la postergación aplazamos nuestras tareas porque “no me gusta la tarea, me falta información o conocimientos, la tarea es demasiado extensa y no se cómo empezar, o no tengo tiempo”.
Y para que nos demos cuenta de alguno de los aspectos negativos de dejar a medias una tarea, no finalizarla, o no empezarla -pero sabes que la tienes que hacer, y que llegará un momento que vencerá el plazo, y cada dos por tres te viene esa idea a la mente- te voy a relatar esta historia Zen de Jorge Bucay:
LOS DOS MONJES
Había una vez dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río, vieron a una mujer que lloraba cerca de la orilla. Era joven y atractiva.
-Qué te sucede? -le preguntó el más anciano.
-Mi madre se muere. Está sola en casa, al otro lado del río, y yo no puedo cruzar. Lo intenté -siguió la joven-, pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… Pensé que no la volvería a ver con vida. Pero… ahora que estáis aquí, quizás podríais ayudarme a cruzar.
-Ojalá pudiéramos ayudarte, -contestó el más joven- pero la única forma sería cargarte encima de uno de nosotros, y debido a nuestros votos de castidad no podemos tener contacto alguno con una mujer.
-¡Ojalá pudierais!…, y la mujer se puso a llorar.
Entonces, el monje más viejo se acercó a la mujer, se arrodilló y le dijo: “Sube”.
La mujer se subió a los hombros del monje, y poco a poco fueron atravesando el río, detrás a cierta distancia seguía el monje más joven.
Cuando llegaron a la otra orilla la mujer se inclinó para besarle las manos, pero el monje más viejo las retiró, y le urgió a partir.
Los dos monjes continuaron su marcha hacia el monasterio sin mediar palabra, aún les quedaban ocho horas de camino.
Cuando se encontraban cerca del monasterio, el monje joven preguntó al anciano: “Maestro, tu conoces nuestra obligación de no establecer contacto alguno con el sexo opuesto, y sin embargo cargásteis con la mujer a través del río, de una orilla a la otra”.
-Yo la llevé a través del río, es cierto. Pero, ¿Qué te pasa a tí que todavía la cargas sobre tus hombros?
Eso es justo lo que ocurre, a nivel psicológico, cuando postergamos nuestras tareas.
En un primer momento es un alivio, pero en realidad -quizá incluso sin darnos cuenta- la seguimos teniendo en nuestra mente.
Si vamos acumulando muchas tareas sin finalizar, al final “pesan” tanto que psicológicamente “nos cansan”, aunque no hayamos trabajado nada con ellas.
Por lo tanto, una primera consideración: Postergar es un mal hábito porque nos aleja de alcanzar el éxito – no hacemos lo que debemos hacer-, además de agotarnos psicológicamente.
Ya parece que te oigo: Muy bien Pascual, pero ¿Qué hacer? ¿Cómo solucionarlo? ¿Cómo dejar de postergar tareas y encargos?
Como decía Benjamín Franklin: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
Tu amigo, Pascual
Enlace al articulo original: http://www.exitoyprosperidad.net/un-ferreo-y-agotador-enemigo-del-exito/
Fotografo : Alicia Ruiz Quesada
Actor modelo : David Alberto Rueda Cantuche






Leave your response!
You must be logged in to post a comment.