Ogroísmo y egos en danza

Por Enrique el informático.
Un ogro es una criatura humanoide horrenda de la mitología de muchos países. También se les suele mencionar en cuentos de hadas, en los que suelen alimentarse de personas, especialmente niños.
Hasta aquí bien, todo el mundo sabe usar la Wikipedia y coincidirá en la descripción de nuestro tan querido y mediático Shrek. Pero no quiero hablar de ogros ni príncipes encantados sino de los Shreks de hoy en día, que llevan corbata y toman café.
No, no se los imaginen con taras físicas pero si piensen en ellos como personas carentes de empatía y vibraciones positivas. Personalmente tengo que trabajar con varios ogros en mi business as usual y créanme, no es nada divertido. Son carnívoros de alegría: pueden arruinarte tus propios estímulos y tu propia confianza. No viven en cuevas pero sus espacios intangibles son cárceles dónde la educación, la honestidad y la empatía hacia el otro están presas. A estos “deshumanizados” y “deshumanizadas” uno nunca sabe cómo tratarles; algunos vocean y otros usan el silencio que excluye cualquier “hola” o “buenos días”. Ese aislamiento y esa hipertrofia del ego y que el “otro” recibe en forma de mobbing, por decir algo, es lo que sufrimos muchos todos los días. En el sector de las finanzas que es el que mejor conozco el ego es tan importante como espolear un caballo en una carrera; si no lo haces no tendrás ninguna posibilidad de quedar por encima de alguien y serás el último.
Llevo trabajando en sitios cerrados desde hace 17 años y sé lo que digo, créanme.





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