El engreído de la oficina

Por Leo Hills,
Experiencias en la oficina para reflexionar.
Son las 9:15 de la mañana, no hace mucho Sol lo cual se agradece porque anoche no dormí demasiado, muchos proyectos, poco tiempo… lo normal. Perezosamente me acerco a la máquina de café en busca de una inyección de energía para mi adormilado cerebro y allí está él.
Desde lejos se atisba el tipo de persona que es. Cuando llevas mucho tiempo trabajando en contacto directo con la gente, conocidos y desconocidos, llega un momento que al igual que Neo podía ver el código fuente, puedo ver la naturaleza de las personas. En esta ocasión me decía mi voz interna “menudo tío relamido”. No me equivoqué.
En la breve conversación que pude mantener en la máquina de café no le pude sacar más que frases cortas o monosílabos, no hubo comunicación no verbal que denotara una futura amistad, justo al contrario, más distancia. De igual forma que su aséptica actitud, como si de un maniquí se tratara, me decía que nunca seríamos amigos, el echo de que dijera de manera seca “tengo un meeting, me tengo que ir” no me hizo pensar en un segundo café.
Lo más triste de todo esto, es que trabajando como consultor en una empresa dónde hay cerca de quinientas personas que todos los días te sonríen, saludan y dan conversación, un individúo que es y será anónimo para mí, tiene en su cartera una tarjeta de visita el mismo logotipo que la mía.





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